[Mujeresenred-softwarelibre] Miedo al código. Por Verónica Engler
Montserrat Boix
boix en nodo50.org
Mar Ene 9 19:27:11 CET 2007
Hola chicas, ¿como andan?
Verónica Engler desde Argentina se animó a escribir este artículo sobre
mujeres y software libre que comparto en la lista ;-)
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3097-2006-12-29.html
montse
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Miedo al código
Por Verónica Engler
El software libre es una alternativa al modelo hegemónico de procesar
datos dentro del mundo virtual que imponen las grandes corporaciones -con
el uso del copyright- y que pone en primer plano la necesidad de
socializar el conocimiento y realizar un desarrollo cooperativo entre
usuarios y usuarias. Claro que las chicas apenas participan en un 1,5 por
ciento de estas ventajas: ¿falta de estímulo, pereza o prejuicios en la
comunidad virtual?
Martes 9 enero 2007
Hace unos veinte años, cuando la Aldea Global era apenas una entelequia
anunciada en los cenáculos académicos del Norte, las tecnologías que
darían cauce a ese mundo único e hiperintegrado ya estaban listas para
empezar a tentar a las multitudes que pronto organizarían sus vicisitudes
(amorosas, laborales y económicas) frente a la computadora.
Para ese entonces, las grandes compañías de computación comenzaban a
perfilarse al tiempo que modelaban un sistema regido por el copyright para
el desarrollo y la distribución de sus productos. Paralelamente, pero en
sentido contrario, en el underground digital -fraguado por los hackers de
la primera hora- se acuñaba la noción de “software libre” para nombrar una
alternativa al modelo hegemónico que proponían las incipientes
corporaciones.
Esa nueva forma de entender la computación no implicaba solamente el
manejo de conocimientos técnicos, sino también concepciones políticas
relacionadas con la socialización del conocimiento y con un modelo de
desarrollo cooperativo, abierto y... ¿democrático? No tanto.
Porque las chicas ni aparecían en escena, o sólo lo hacían en carácter de
novias de algún caballero ducho en la escritura de código informático.
Algo nada extraño si se considera que las mujeres históricamente han sido
una ínfima minoría en las áreas de desarrollo tecnológico. De acuerdo con
un informe de la Unión Europea, esta situación se agrava en los ámbitos de
software libre: sólo el 1,5 por ciento son mujeres, proporción bastante
inferior a la que se da en otras áreas.
Poco a poco, las féminas se están abriendo paso en la comunidad del
software libre. Prueba de ello son las iniciativas que han encabezado en
lo que va del siglo para estimular a que otras se sumen. “El
fortalecimiento del trabajo en red y el fomento de una cultura
organizacional no jerárquica, características intrínsecas del software
libre, han sido estrategia y bandera del movimiento feminista”, destaca
desde Madrid Montserrat Boix, fundadora del grupo español Mujeres en Red
por el Software Libre y no Sexista.
Lo más importante de esta tecnología alternativa no es que los programas
sean gratuitos y de libre distribución (nadie recibirá el mote de “pirata”
por hacer copias), sino que el código fuente -el lenguaje con el que están
escritos- es abierto, de acceso público, algo que no sucede en programas
como el Windows de Microsoft, por ejemplo.
Pero el acceso al código fuente no es sólo una delectación intelectual
para una minoría de iniciados. Que una no tenga la pericia suficiente para
interpretar las crípticas líneas de instrucciones que hacen funcionar a
las computadoras no invalida el recurso. Otras y otros, expertos en el
arte de la programación, sabrán leer el tan mentado código, y eso sirve,
por lo menos, para evitar y corregir errores (por ejemplo, los típicos
“cuelgues” que sufrimos a diario frente al monitor), y también como
antídoto contra las habituales fallas de seguridad, denominadas “puertas
traseras” (backdoors), que permiten redirigir la información de una
computadora hacia otra, sin que el usuario o la usuaria puedan advertirlo,
con el consiguiente riesgo para la privacidad de sus datos.
La antropóloga argentina Verónica Xhardez, adepta a los programas de
código abierto e integrante de la organización Software Libre Argentina
(Solar), reconoce que su relación con la tecnología se modificó “cuando
adquirí la conciencia de las posibilidades que ofrece conocer la
herramienta que se está usando y, en un marco más amplio, cuando comprobé
la potencialidad emancipadora que tiene el software libre, que en
definitiva es conocimiento, en un país en desarrollo como el nuestro”.
Al margen
Dos décadas de trajín al margen del mainstream informático no fueron
suficientes para derribar los estereotipos de género que aquejan al
mundillo digital, aunque han corrido ríos de tinta y bytes para tratar de
explicar la ausencia femenina en estos dominios.
A comienzos de la década del ’90, Ellen Spertus -que por entonces
integraba el Laboratorio de Inteligencia Artificial del Massachusetts
Institute of Technology- tuvo la buena idea de compendiar lo que había
sobre el tema en el clásico Why are so few female computer scientist?
(¿Por qué hay tan pocas científicas dedicadas a la computación?). En esa
investigación Spertus repasaba textos y situaciones que le permitieron
responder a su pregunta asumiendo que los gustos y las habilidades en una
disciplina como la informática no están inscriptos en los genes, por lo
que la presencia abrumadora de varones y la ausencia casi absoluta de
mujeres responde a situaciones determinadas socialmente desde muy temprana
edad (por ejemplo, un estudio realizado en EE.UU. mostraba que en hogares
con niñas y niños las computadoras familiares solían estar en la
habitación del hijo varón).
En la misma línea que Spertus, la canadiense Van Helson, una avezada
desarrolladora de Linux (el sistema operativo de código abierto,
alternativo a Windows), decidió redactar un texto en el que plasmó las
ideas que surgieron en numerosos encuentros y charlas con sus colegas. El
objetivo del documento, titulado How to encourage women in Linux? (¿Cómo
estimular a las mujeres en Linux?), no era realizar un mero diagnóstico,
sino proponer formas de acercar a sus congéneres hacia el software libre.
A la falta de confianza que la amplia mayoría de las mujeres experimenta
ante una computadora, se suman las típicas situaciones que deben enfrentar
a diario en el ámbito informático como el lenguaje sexista y los chistes
machistas en los foros de intercambio, la percepción de la computación
como una actividad antisocial (que requiere extensas jornadas de
aislamiento dedicadas a la escritura de código) y la falta de modelos
femeninos.
En el caso del software libre, una característica que se suma a las
anteriores y las potencia es que, dado el origen en cierta forma marginal
del movimiento, el autodidactismo a ultranza es altamente valorado. Por lo
que no resulta fácil en general y mucho menos para las mujeres, que vienen
con su propio lastre, ingresar en la movida, participar y hacerse
respetar. Por ejemplo, hasta no hace tanto, cuando alguien osaba formular
alguna pregunta “un tanto obvia” (que dejaba traslucir que no se había
explorado lo suficiente como para evitarla) en un foro de discusión sobre
Linux, por ejemplo, una de las respuestas más habituales era “RTFM!” (por
Read The Fucking Manual!), que en buen romance se desglosa como “¡Leé el
maldito manual!” (por usar un calificativo suave).
En Voces libres de los campos digitales, una investigación social sobre el
SL en América latina y el Caribe -recientemente editado por Bellanet y el
International Development Research Centre- se incluye un capítulo dedicado
al tema de género. A partir de una serie de encuestas, la costarricense
Margarita Salas -encargada de dirigir la investigación— observó que los
hombres intentan resolver primero por su propia cuenta y evitan solicitar
ayuda, mientras que las mujeres experimentan menos y utilizan como primer
recurso la consulta a otras personas. “Ambos estilos de aproximarse al
conocimiento tienen ventajas y desventajas, sin embargo, son valorados de
manera diferencial en el ambiente de la comunidad de software libre”,
señala.
Usuarias y administradoras, ¡presente!
Para sumar a otras damas, Van Helsen recomienda a los varones evitar
comentarios despectivos o lances desesperados para conseguir una cita
sexual cuando una chica intenta integrarse en algún LUG (Linux Users
Group). Por otra parte, tira abajo el mito que pinta a quien trabaja en
programación como un anacoreta abstraído en la contemplación del código.
Con respecto a la ausencia de modelos femeninos, hace un llamado para que
las muchachas se animen a hacer públicas sus contribuciones en la
comunidad del software libre y de esta manera animen a las que están por
llegar.
“Es un problema el hecho de que las mujeres no estén involucradas en áreas
técnicas como lo están los hombres. Por eso, para incrementar nuestra
visibilidad necesitamos mujeres que estén dispuestas a comunicar
públicamente acerca de su trabajo con código abierto, para que otras
mujeres no se sientan solas o ajenas cuando intentan acercarse a esta
comunidad”, afirma la veinteañera Máirín Duffy, que trabaja en Nueva York
como desarrolladora de Gnome, uno de los entornos gráficos de Linux
(anteriormente este sistema operativo no se manejaba con menúes y ventanas
sino con líneas de comandos).
“Hace unos años era duro comenzar a trabajar en proyectos de software
libre, porque la gente se comunica por chat y e-mail, y como no se ven
personalmente resultaba fácil para algunos muchachos hacer comentarios
estúpidos cuando alguien decía que era mujer, porque no era común ver a
mujeres trabajando en tecnologías de la información. Pero todo eso está
cambiando rápidamente y las mujeres están cada día más involucradas en el
tema”, se esperanza Anne-Marie Mahfouf, que en 2001 creó el grupo
KDE-Women (KDE es una variante de Linux).
Según informa Verónica Xhardez -que participó desde Solar como contraparte
del Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) en la investigación que concluyó
en Voces libres de los campos digitales...-, en nuestro país “hay muy
buenas desarrolladoras dentro de la comunidad, pero la participación de
las mujeres sigue siendo escasa, no debe llegar al 5 por ciento-detalla-.
Asumo que esta situación tiene que ver con la asociación de lo técnico con
lo masculino y del software libre con ámbitos difíciles”.
Gran parte de la tarea que están encarando los grupos de mujeres en la
actualidad se encamina a dar por tierra con estos supuestos que desaniman
a más de una. “Nuestra idea es demostrar que el software libre no es ni
tan complicado ni tan exótico e inaccesible como se empeñan en hacernos
creer”, explica Montserrat Boix. “También nos interesa reivindicar que los
programas de software libre que se están generando tengan un lenguaje no
sexista, que se tenga en cuenta la premisa del masculino y el femenino
cuando se hacen las traducciones, que se hable de usuarios y usuarias, de
administradores y administradoras”, ejemplifica.
El software libre, hay que decirlo, perdió buena parte de esa aura
cuasiesotérica que lo envolvía en sus comienzos. Las grandes compañías
(Yahoo, Google, Apple e IBM, entre otras) ya se percataron de las
ganancias que puede aportarles esta promisoria tecnología. “El software de
código abierto está evolucionando desde un tipo de movimiento underground
avant-garde hacia (una tecnología) ampliamente aceptada y pronta a
convertirse en una de las corrientes principales de la industria”, destaca
un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Inglaterra) en
un informe (Free/Libre and Open Source Software:Policy Support) que este
año presentó ante una comisión de la Unión Europea, con recomendaciones
para promover acciones tendientes a disminuir la brecha de género en el
ámbito del software libre.
Habrá que ver qué lugar ocupan y qué tienen para decir las mujeres en este
nuevo escenario tecnológico.
Publicado en Página 12 - 29 diciembre 2006
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